El amor es subjetivo, como lo es el análisis de ese sentimiento. Tal vez, haríamos bien en mirar el estado de nuestra vida antes de la aparición de ese amor, conozco casos de hombres o mujeres que dijeron e incluso juraron ante la Biblia que amaban a alguien, personas que prometieron en conciencia amor a otro, dedicación, fidelidad, y así todo el largo etc. que gustemos. Pero, ¿cuál es la verdad? No hace demasiado, en una tertulia en la que participamos unos cuantos componentes de
www.iberoamericaradio.com, llegamos a la conclusión de que los seres humanos mentimos, mentimos en público, decimos lo que se espera de nosotros y, lo que es peor, nos mentimos a nosotros mismos…
Muchos, puede que tú mismo si examinas tu vida con detenimiento, veas con nitidez tus propias mentiras… No, no temas, no te pediré que nos las cuentes, pero… ¿cuándo te la vas a contar a ti?, ¿cuándo serás consecuente con lo que en verdad sientes, con lo que de verdad sabes y con lo que en verdad haces?
Ser consecuente acarrea problemas varios, desde una contestación airada a nuestros progenitores pasando por una contestación no menos sonora a nosotros mismos, sin olvidar un grito a dar a todo un sistema de cosas que, en vez de tender a nuestra felicidad, tiende más a unos intereses que nos tratan más como a máquinas de producción que no como a seres capaces de sentir y elaborar pensamientos propios.
Pero no lo hacemos, es mucho más fácil explicar las maldades de otros, justificar nuestros errores y mentiras basándonos en las actitudes de los demás que no caer en la cuenta de lo que nosotros mismos provocamos. Nos explicamos casi todo basándonos en las maldades que suponemos a los demás, es decir, si yo cuento mis mezquindades, el otro las aprovechará para denostarme y, desde luego, no me contará las suyas, así pues, ¿cómo voy a abrir mi corazón a quien supongo, incluso antes de que lo haga, una maldad intrínseca?
Yo amo, sí, pero… ¡Dios mío, cuántas cosas se ocultan en una palabra tan breve, en un término tan pobre! El "pero" es el vagón donde están los hechos y los supuestos hechos, las versiones para nosotros y las versiones para los demás. En ese vagón, está el catecismo del buen ser humano: LA MENTIRA
Yo puedo recordar mi primer beso, sí, como en las mejores películas yanquis, el beso, la panacea de toda la sexualidad. Tengo tres versiones de ese primer beso: la que di a mis amigos, la que me di a mí mismo y la que de verdad sentí…
A mis amigos les conté que los labios de ella eran miel mezclada con menta, húmedos, tersos, cálidos, maravillosos, besos de esos que le producen a uno una erección nada más rozarse, les conté todo y más, les dije con qué deliberada lentitud me fui aproximando, con qué habilidad envolví los labios deseados y cómo al mezclar nuestros alientos me sentí viajar al paraíso.
La versión que me di a mí mismo no fue tan hermosa, me pregunté cómo podían poner esas caras de éxtasis los actores, cómo podían escribir sobre los besos con esos adornos florales, cuando a mí me había parecido lo mismo que tomar un pedazo de carne crudo, húmedo y frío y que…
La verdad es otra, la verdad es que apenas la rocé los labios, que ella se echo para atrás, que me miró con sorpresa y asco y que le agradecí que no me permitiera nunca más besarla.
Pero eso sí, cuando cuento esa primera experiencia, me olvido convenientemente de casi todo y sólo hago referencia a que ella me buscaba por todos los rincones y a la temporada que pasamos escondiéndonos entres los cañaverales para unir nuestros labios en besos que casi, casi la dejaban embarazada… es evidente que es mentira, pero resulta tan "heroico".
Ese suele ser el principio de la mentira sobre la que edificamos nuestra vida afectiva. Es por autoestima, dicen los psicólogos; es por amor propio decimos nosotros. Antes mentir que confesar la verdad y, tanto mentimos, que llega un día en que nos creemos la versión embarazo. Claro, es tan y tan gratificante…
Llevamos la palabra "conveniente" impresa a sangre y fuego, éste término es un término oculto, un "palabro" que no pronunciamos porque es de mal tono, pero la realidad, es que esa palabra preside nuestras vidas. Nos conviene, no nos conviene... no importa si aquello que vivimos nos hace felices o no, no importa si es nuestro último día sobre la tierra, lo primero es pensar en lo conveniente, en lo que se "debe" hacer, es decir, deber de débito, de deuda, de obligación para con nosotros y para con nuestro entorno así como para unas supuestas creencias, y digo supuestas, porque la mayor parte del tiempo violamos las creencias, no en público, claro, pero sí en privado, sí en la intimidad y vergüenza de nuestros pensamientos.
Amar, pobre palabra, es casi tan puta como la palabra Constitución o la palabra Dios. Miles de veces la repetiremos y miles de veces mentiremos, pero claro, eso no se sabe, tal vez, pensará alguien, el que miente soy yo… pero nunca ellos, ellos jamás, están enamorados y, como dice el poeta "sólo la amada o el amado es de besos dulces, de cintura breve y de porte majestuoso".
Descansa en Paz Pedro, tus sueños, tus metas se quedan entre nosotros, Gracias por ser el impulso, por dar sin esperar, por ser Amigo y Confidente, por fundar espacios para que todos se expresen y sean libres en pensamiento y obra. Tu nunca fuiste una Mentira, siempre fuiste una Verdad, ejemplo de vida, fortaleza, amistad y amor.
Hasta Pronto.